miércoles, 1 de febrero de 2012

TIPOS DE ESTA NUESTRA ESPAÑA:LA CHUPIGUAY (Marisol Pita)

Aquí os dejo una reflexión que ha escrito la artista plástica Marisol Pita y la cual me ha cedido para publicar en mi blog y en mi página de QUIEROQUEMELEAS.La reflexión va dedicada una convecina mía que va de una cosa y luego es otra,en definitiva,una "hype".Ahí os va.Disfrutad con ello!
TIPOS DE ESTA NUESTRA ESPAÑA

Capítulo 2. La chupiguay

Entre los distintos modelos humanos que pueblan este solar en el que habitamos, nosotros, una estirpe con raíces moras, algo que no está mal recordar en unos tiempos, en los que parece extenderse la creencia de que somos españoles puros, auténticos, a los que solo les falta nacer con el distintivo del toro de Osborne en la retaguardia, para ser los más ibéricos del mundo mundial, y de la galaxia universal. Pero no tenemos toro, ni vaca, ni animal alguno, y eso que ganamos, porque, entre otras cosas, podemos deleitarnos con la diversidad. En esa diversidad encontramos un nuevo tipo humano: el/la chupiguay. Aunque, como ya apunto, se puede dar en ambos sexos, en este caso, mi experiencia me lleva a decantarme por la opción femenina: la chupiguay. Allá va el relato/descripción en cuestión:
La chupiguay se caracteriza por ser alegre, pizpireta, entrañable tirando a cansina, y tener aspecto de haberse puesto hasta arriba de Redbull mezclado con ginseng, aunque ella se empeñe en decir que le gustan más las infusiones. Su llegada suele anunciarse con unos pasos saltarines, en la línea de Heidi y cualquier otro dibujo animado de coloretes y cara sonriente, siempre parece traer consigo el espíritu del buen rollo super-mega-guay, que es aquel que te pone de los nervios por ser más super-megatodo de la cuenta. Otra de sus características es la voz cantarina, que lleva a pensar que se ha tragado una armónica, o cualquier otro objeto más o menos melodioso, aunque hay que advertir que por muy dulce o melódica que pueda ser su voz, siempre hay un momento en el que apetece buscar esparadrapo, cinta aislante, u otro elemento adhesivo consistente, y taparle la boca, para que su discurso superdiver se lo quede para ella.
La chupiguay tiene su propio concepto de la vida, y este se basa en la consideración, de que el comportamiento algo infantil en una persona de más de veinte años resulta adorable, y eso es un enorme error, porque hay cosas que en los niños son geniales, pero en los adultos cansan, molestan, e incluso, pueden llegar a producir vergüenza ajena. Yo considero que hay que mantener el espíritu infantil toda la vida, quedarnos con la esencia de los niños siendo adultos, pero esto no tiene nada que ver con el infantilismo ridículo que caracteriza a la chupiguay; hay que mantener lo mejor del niño en la madurez, y no comportarse de manera infantil siendo adulto.
Otro rasgo de la chupiguay, es que se considera a sí misma genial, diver, creativa, algo artista, y chachi en general, y esto la lleva a hacer una serie de estupideces/gilipolleces, que quedan con la boca abierta a todo hijo de vecino con la cabeza medianamente amueblada. Ejemplo: la chupiguay piensa que vive en una eterna adolescencia de insti, uni, fiestuquis, con sus correspondiente cosillas, como dejar notitas al chico que le gusta, darle la castaña hasta marearlo, llamar soso a todo aquel que no le sigue el rollo, y hacer cosas que considera graciosas, pero son en realidad tonterías que llegan a resultar molestas, travesuras de niños, que procediendo de un “peque” serían aceptables y tendrían su punto, pero si las hace un adulto, por muy chupiguay que sea, producen una sensación que se sitúa entre la pena, la vergüenza, y las ganas de darle una colleja a la individua en cuestión. Hay algo que aprendemos en la vida, y es el respeto a los demás, y jamás debe faltarse al respeto o molestar a otras personas por el simple hecho de hacerlo, porque eso, además de inaceptable es deplorable, y ser guay y entrañable, no justifica lo más mínimo ensuciar las paredes interiores de un edificio, en el que viven personas menos chupis y más normales, a las que les gusta mantener en buenas condiciones el estado del inmueble en el que habitan, y que llegan a encontrarse mensajes absurdos que deja la chupiguay, con más o menos nocturnidad y alevosía, esos días en los que se siente más chachi de lo normal. Desde aquí le diría que se pinte la cara, y se mire al espejo si le apetece reírse un rato. Estas acciones de la chupi, desde mi punto de vista totalmente deplorables, porque conllevan molestar, no son artísticas ni nada por el estilo, aunque ella crea que es así, son niñerías propias de alguien con problemas de madurez. En estos casos, las inquietudes artísticas son más productos de modas, que verdaderas necesidades de expresión y manifestación.
En definitiva, la chupiguay es absurda por naturaleza e infantiloide por definición, llega a cansar mucho, y solo se la puede aguantar sin secuelas jaquequiles una media de quince minutos, si alguien decide pasar más tiempo junto a ella, esa es su responsabilidad, pero advierto: si eres una persona medianamente normal, de esas que maduran a una edad razonable, evítala, no es dañina, pero cansa mucho.



Marisol Pita

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