Recuerdo bien la fecha: 7 de Noviembre.Fue el día en que empecé a ver las cosas de una determinada forma y cambio mucho mi vivida gracias a una persona que me dio todo y por la que yo di todo y a la que jamás olvidare. Fue una historia bonita y que pocas veces tendré la opción de que se repita.
Ese día, 7 de Noviembre, el día amaneció con el cielo cubierto y hacia un frío agradable. Era uno de esos días en los que te gustaría quedarte en la cama por todo el día.
Ese día me levanté con ganas, desayuné y fui a hacer la compra como un día cualquiera.Comí, me bañé y estuve tocando la guitarra acústica y escuchando música durante toda la tarde y ya de noche decidí salir a tomar algo. Me puse una camiseta gris, unos vaqueros oscuros, unas zapatillas y después una bufanda y una cazadora negra de cuero. Salí de casa. Observé que la noche estaba animada. Había gente calentándose en la puerta de las sandwicherías y restaurantes y bastante que cogía el metro y los autobuses
Entré en un local llamado POOL SHARK, el cual era un bar de rock donde actuaban grupos primerizos o que hubiesen sacado ya una maqueta. Esa noche tocaba un grupo llamado HEY, THAT´S MY BIKE?.Me senté en la barra y pedí una cerveza. La música sonaba bien y en ese momento noté una mano sobre mi hombro. Me di la vuelta y la vi.
Su pelo caía sobre sus hombros y era de un castaño claro casi rubio y ondulado, sus ojos eran verdes penetrantes y su boca era muy sonrosada y al sonreír, dejó al descubierto una hilera de dientes ordenados perfectamente lo que hacía que su sonrisa fuese muy agradable a la vista de cualquier hombre. Vestia una cazadora vaquera y unos vaqueros oscuros.
Se sentó a mi lado y empezamos a hablar. La invité a un martín con cebolla y empezó la conversación y fue como si la conociese de toda la vida. Su libro preferido era El Guardián entre el Centeno de J.D Sallinger y su disco preferido era el álbum blanco de los Beatles.Su poetisa preferida era Emily Dickinson y me recitó uno de sus poemas ,el cual decìa:
Olvidaré la tumba para florecer y extenderé mis flores suaves
Seré como la anémona para ti si me quieres coger
Tu flor para siempre
No sé cuanto tiempo estuvimos hablando pero fue una conversación que no olvidaré. Historia, ciencias, poesía y música se mezclaron en ese hablar. Me mostró un pin que llevaba en la cazadora. Era un regalo de graduación de la Escuela Católica donde estudió y en ese momento anunció que tenía que irse pero antes de hacerlo le pidió al camarero una bola y escribió allí su número de teléfono y cuando iba a abrir la puerta de la salida me dedicó una sonrisa afable y cargada de sentimientos.
Esa noche no paré de pensar en ella. Al día siguiente la llamé por teléfono y estuvimos hablando y así otro día y otro y otro hasta que me dijo un día que iría a buscarme a mi casa. Le di la dirección y al cabo de una hora me asomé a la ventana y allí la vi esperándome. Bajé y corrí a darle un beso. Diez. Cien.Al llegar a ella la abrazé con toda mi fuerza y fue cuando probé el sabor de sus labios, que era como una chimenea desprendiendo calor. Toqué su pelo castaño y ondulado y sentí sus manos sobre mi espalda.
A partir de ese día, empezamos a salir. Íbamos a la feria, nos hacíamos fotos divertidas en el fotomatón, caminábamos cogidos de la mano por la calle. Una noche durmió en mi casa. Hicimos el amor. Desperté a su lado. A partir de ese momento venía mucho a mi casa y escuchábamos mis discos y e intentábamos ponernos a la altura de esas voces que cantaban sobre política, amor, religión y otros temas. Era tan bonito que no lo vimos venir.
Un día vino a comer a mi casa. Cociné algo para los dos y empezó a sentirse mal y vomitó toda la comida. Se desmayó. Rápidamente llamé a un hospital. Fui en la ambulancia con ella. Le hicieron pruebas, análisis y cuando despertó ella, allí estaba yo cogiéndole la mano al lado de la cama. Fue entonces cuando vino el médico y nos dijo la noticia que cayó como una bomba sobre nosotros
Ella padecía un cáncer que estaba empezando a extendérsele daban un año mas o menos de vida y eso podría arreglarse con una operación pero dicha operación costaba mucho dinero.
En ese momento me sentí como si me hubiesen echado un jarro de agua fría.Como si me hubiesen atravesado el corazón como una daga. Esa misma noche la saqué del hospital y la llevé a mi casa y empecé a pensar en una posible solución.
Al día siguiente, me levanté con mucho cuidado para no despertarla, me vestí y salí a la calle. Empecé a pasear, buscando una solución y tras mucho meditar encontré una.
Mis padres me habían dejado dinero al morir ellos y yo tenía ahorrada en una cuenta dinero que había obtenido trabajando. Se me ocurrió pagar con el dinero de mis padres la operación de ella y con mi dinero y pidiendo un préstamo al banco un recorrido por algunos países para evitar que ella le diese vueltas al asunto y que estuviésemos juntos por si no iba a haber una vez más.
Lo único que quería era estar con ella todo el tiempo posible y no había otra cosa que quisiese hace ahora salvo eso.
Volví a casa y hablé con ella. Le pareció asombroso que yo pudiese hacer eso pero le dije que no me iba a echar atrás en esa decisión y el motivo era ella. Deposité el dinero en el hospital y empezamos a preparar nuestro viaje.
Primero fuimos a Canadá.Paseamos por el parque Stanley en Vancouver y visitamos Toronto.Nos perdimos por Gastown y por el barrio chino. Después de eso embarcamos rumbo a un pueblo en la costa mexicana, un pueblo costero. Su monbre: Zihuatanejo
Paseamos por esa playa, sintiendo como el agua mojaba nuestros pies desnudos. Íbamos cogidos de la mano y ella me miraba sonriendo
En Estados Unidos fuimos a una región que se llamaba Forth Walton.Fuimos a un robledal y nos sentamos al pie de un roble y allí fue cuando me dijo ella que si moría que la incinerasen y metiesen sus cenizas en una caja y la enterrase al pie de ese roble y el agujero fuese tapado con una piedra negra, volcánica, que encontramos allí.como si todo estuviese ya preparado.
Pasaron 6 meses y ya era la fecha de la operación. La metieron en una camilla y la llevaron ya al quirófano. No me dejaron pasar. Esperé en el recibidor. Pasaron lentas las horas, interminables, yo ya me dormía cuando apareció el médico. Yo me levanté pero en sus ojos había desolación y entonces negó con la cabeza y lo comprendí. Había muerto. Ella había muerto y con esa chica se fueron mis ganas de vivir, mis ilusiones y en definitiva, mi vida.
Suelen decir que el amor es ignorancia y a veces que es estupidez. Para la mayoría el amor no existe y puede mas el deseo carnal y el desahogo físico. Yo creo que tal vez no exista un príncipe azul o una princesa encantada como en esos cuentos que se le cuentan a los niños al acostarse pero si que existe una determinada persona que llega a consumirte y que hace que tu corazón arda de amor, sentimientos, cariño, ternura...
Ha pasado exactamente un año y en este momento camino con una caja de tamaño mediano en las manos por el robledal de Forth Walton.Llegué al roble grande en el cual estuve con ella. Hice un agujero al pie del roble y enterré la caja la cual contenía las cenizas de ella y una foto de fotomatón que nos hicimos durante los primeros meses de relación. La enterré bien y tapé el agujero con una piedra negra, volcánica, que se había mantenido allí durante un año sin que nadie la hubiese cogido o se la hubiese llevado. Ese día llevaba una cazadora vaquera y tenía puesto su pin, el que le regalaron el último año de la Escuela Católica.Después de eso estuve con otras chicas pero sé que el tiempo que estuve con la chica del bar nos amamos por toda una vida
FIN
domingo, 25 de noviembre de 2007
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